Por qué repartir los minutos de forma justa importa más que ganar

El marcador se reinicia cada semana. El desarrollo, no.

Un grupo de jóvenes compañeros de equipo celebran a una jugadora junto a la banda mientras el entrenador observa.

Vas ganando 3 a 2 y faltan diez minutos. Tu centrocampista más fuerte está en el banquillo porque le toca descansar. El padre que está junto al área técnica murmura: "¿Por qué la sacas?". Tú sabes por qué. Pero en ese momento, no resulta fácil de explicar.

Por eso merece la pena repartir los minutos de forma justa. No como un gesto amable, sino como una de las estrategias más sólidas para ayudar a formar a los niños. En España, además, va en la misma dirección que el espíritu del fútbol formativo.

Por qué tantos niños dejan de jugar

Al llegar a la adolescencia, muchos niños dejan el deporte organizado. A menudo no se van porque hayan dejado de aprender, sino porque dejó de ser divertido. ¿Y qué ayuda a que siga siendo divertido? Sentirse parte del partido, tocar el balón y tener minutos de verdad.

Un niño que pasa la mayor parte de un partido en el banquillo no solo pierde minutos. Puede acabar leyendo un mensaje: quizá no soy lo bastante bueno para jugar. Entre los 5 y los 12 años, ese mensaje puede pesar mucho. No solo porque hiera sus sentimientos, que también, sino porque casi siempre es falso. El niño que parece "menos talentoso" a los 8 años puede simplemente estar desarrollándose en otro ritmo.

Los niños que crecen a otro ritmo

La investigación en deporte juvenil muestra de forma consistente que el rendimiento temprano es un mal predictor de la capacidad adulta. Los niños se desarrollan física, cognitiva y emocionalmente a ritmos muy distintos. El niño que domina a los 9 años porque es más alto y más rápido puede estancarse a los 14, cuando sus compañeros lo alcanzan físicamente.

Mientras tanto, el niño que tenía problemas de coordinación a los 9 años, el que quizá hoy te cuesta más poner en el campo, podría ser quien desarrolle una habilidad de élite a los 15. Siempre que siga en el deporte el tiempo suficiente.

Repartir bien los minutos mantiene a cada niño dentro del proceso de aprendizaje. Si siempre juegan menos, algunos niños salen del deporte antes de que lleguen a crecer dentro de él.

Toques, decisiones, confianza

El tiempo de juego no va solo de justicia. Tiene que ver con tres cosas que forman a un futbolista. Es la misma lógica que hay detrás del fútbol 7 en las categorías de iniciación: campos más pequeños y menos jugadores en cada equipo existen precisamente para que cada peque toque más el balón y tome más decisiones. Pero esos toques solo cuentan si el niño está dentro del campo.

Toques de balón. Un jugador de campo en un partido juvenil toca el balón entre 40 y 60 veces. Un jugador del banquillo lo toca cero veces. A lo largo de una temporada de 20 partidos, esa es la diferencia entre 1.000 toques y ninguno.

Decisiones de juego. ¿Paso o regateo? ¿Marco al desmarcado o mantengo la posición? Ahí es donde el niño aprende a leer el juego. Y solo ocurre en el campo. El entrenamiento desarrolla la técnica. Los partidos desarrollan la inteligencia de juego.

Confianza. Un niño que juega con regularidad desarrolla confianza en su capacidad de aportar. La confianza impulsa el atreverse a probar, y atreverse impulsa el crecimiento. Si un niño se queda en el banquillo una y otra vez, acaba con miedo a intentar nada porque sabe que un error significa salir del campo.

Un ejemplo desde el fútbol base en España

Esta idea no aparece de la nada. En España, el fútbol base de 5 a 12 años se organiza por categorías de iniciación, prebenjamín, benjamín y alevín, que se disputan en fútbol 7 y se entienden, ante todo, como fútbol formativo. La normativa concreta de cada competición la fijan las federaciones territoriales, igual que ocurre con las federaciones de condado en Inglaterra, de modo que conviene mirar las bases de tu federación autonómica.

Un ejemplo claro está en las bases de competición de la Real Federación de Fútbol de Madrid, que enmarcan toda la competición de iniciación como totalmente formativa y piden expresamente que, por encima de los resultados de los encuentros, predomine que los niños y niñas, que son los principales protagonistas, se diviertan jugando, tanto si pierden como si ganan. La idea de fondo es que lo más importante es la integración del niño en el deporte.

Lee esa frase otra vez y piensa en el banquillo. "Por encima de los resultados" y "que se diviertan jugando" cuesta hacerlas encajar con una rotación donde unos pocos juegan casi todo y otros apenas participan. Repartir bien los minutos no es un gesto bonito: es una de las formas más concretas de llevar a la práctica lo que el propio fútbol formativo dice querer.

La misma dirección aparece en otros países. Muchas federaciones y organizaciones de fútbol base han llegado a principios parecidos, desde los planteamientos "Everyone Plays" en Estados Unidos hasta criterios de participación mínima en Italia. No surgieron solo del idealismo, sino también de la experiencia y de los datos que muestran que la selección temprana y el tiempo desigual dan peores resultados a largo plazo para todos, incluidos los "mejores" jugadores.

Para un desglose país por país de lo que orienta a tu federación, consulta nuestra guía sobre reglas de tiempo de juego justo por país.

¿Y si algunos niños se esfuerzan más?

Esta es la objeción más habitual. ¿No debería recompensarse el esfuerzo con más tiempo de juego?

Entre los 5 y los 12 años, los niños no pueden separar de forma significativa el esfuerzo de la habilidad, del estado de ánimo o de las circunstancias. El niño que hoy "no se está esforzando" puede estar cansado, ansioso o distraído por algo del colegio.

Si el esfuerzo es una preocupación, abórdalo directamente. Aparta al niño, ajusta el ejercicio, habla con él después de la sesión. Si el banquillo se convierte en la respuesta automática, el niño aprende que su sitio en el partido depende de portarse bien, no de aprender. Y cuando todo se siente condicionado, es más fácil que pierda las ganas.

También puede ayudar al equipo a largo plazo

Esto es lo que sorprende a muchos entrenadores. Repartir bien los minutos a menudo da mejores resultados competitivos a largo plazo.

Cuando cada jugador tiene minutos significativos, el equipo gana más jugadores preparados. En lugar de depender de tres jugadores fuertes, formas a diez capaces. Cuando tu jugador estrella se lesiona o no está disponible, el equipo no se hunde, porque todos tienen experiencia de partido.

Los clubes que priorizan el desarrollo sobre los resultados en categorías juveniles suelen dar más oportunidades de que más jugadores sigan creciendo y puedan competir mejor más adelante que los clubes que persiguen trofeos en sub-10.

El reparto justo empieza con una convocatoria justa

El tiempo de juego justo dentro de un partido es solo la mitad de la ecuación. La otra mitad, la que la mayoría de los entrenadores pasa por alto, es si cada niño es convocado para los partidos desde el principio.

Un niño que recibe 25 minutos justos cuando juega pero se queda fuera de cada tercer partido acumula bastante menos tiempo de desarrollo a lo largo de una temporada. Y el impacto emocional de no ser elegido suele ser peor que el de jugar menos minutos. Quedarse fuera puede doler más que jugar pocos minutos.

Si te tomas en serio repartir bien los minutos, haz un seguimiento de las convocatorias a lo largo de la temporada, no solo de los minutos dentro de cada partido. Lo desarrollamos más en nuestro artículo sobre cómo repartir las convocatorias de forma justa.

Cómo se ve el reparto justo de minutos en la práctica

Repartir bien los minutos no significa dar un tiempo idéntico al segundo. Significa:

Por qué FairSub no registra goles

FairSub cuenta minutos, no goles. Es una decisión deliberada. Cuando empiezas a medir goles, es fácil que los resultados se cuelen en las decisiones: quién juega más, quién se sienta. FairSub elimina eso por completo. El único número que importa es el tiempo en el campo, repartido de forma justa. Va en la dirección del fútbol formativo, donde lo importante es que cada niño juegue y se divierta, no quién gana esta semana.

La pregunta que importa

Cuando tus jugadores tengan 25 años, ninguno recordará el resultado de aquel partido sub-9. Pero recordarán la alegría de jugar, las celebraciones con sus compañeros después de un gol y si el fútbol fue algo a lo que sintieron que pertenecían.

Entre los 5 y los 12 años, el desarrollo y la alegría importan más que los resultados. Es justo lo que pide el fútbol formativo cuando dice que lo primero es que los niños se diviertan jugando. Repartir bien los minutos sirve a las dos cosas.