El tiempo de juego justo no basta: también importa quién entra en la convocatoria
Repartir bien los minutos durante el partido importa. Pero hay otra pregunta antes del saque inicial: quién entra en la convocatoria y quién se queda fuera.
La mayoría de los entrenadores piensa mucho en los minutos dentro de un partido, y cubrimos lo básico en nuestra guía sobre cómo repartir los minutos de forma justa. Muchos menos se paran a pensar en quién fue convocado para jugar ese partido. Esa segunda pregunta pesa más de lo que parece, y es casi totalmente invisible si no llevas algún tipo de registro.
Ese es el problema. Y se puede empezar a resolver con algo sencillo: mirar la temporada entera.
Dos preguntas distintas
Cuando hablas de justicia como entrenador, en realidad hay dos preguntas escondidas.
Dentro de un partido. De los niños que juegan este partido, ¿cada uno recibe aproximadamente los mismos minutos? Esto es lo que la mayoría de los entrenadores quiere decir cuando habla de tiempo de juego justo, y es lo que la mayoría de las apps miden.
A lo largo de la temporada. De todos los niños del equipo, ¿están todos siendo convocados a partidos con una frecuencia similar? ¿O los mismos nombres faltan discretamente en la convocatoria semana tras semana?
Puedes hacerlo bien en lo primero y mal en lo segundo. Un entrenador que rota de forma impecable durante los partidos pero deja siempre a los mismos tres niños fuera de la convocatoria tiene un problema de justicia que ningún plan de cambios puede arreglar.
Algunas normas de fútbol base ya van en esta dirección. En el fútbol 7, la modalidad de las categorías benjamín y alevín, algunas federaciones territoriales tienen normas de participación para los niños que ya figuran en el acta. Es una buena base, pero solo cubre a quien ya está convocado. La justicia empieza antes: en quién entra en la convocatoria y quién se queda en casa.
Por qué quedarse fuera pesa más que jugar pocos minutos
Si tu hijo juega 12 minutos cuando podría haber jugado 28, se queda decepcionado. Si tu hijo no es convocado, el golpe puede ser mucho más fuerte. No es solo jugar menos. Es sentir que esta vez no formaba parte del equipo.
Para un niño, quedarse fuera puede sentirse muy real. No siempre lo explica con palabras, pero lo nota. Algunos niños pueden leer la no convocatoria como un mensaje: quizá no cuentan conmigo. Ese mensaje pesa más que "hoy jugaste menos".
Y el mensaje se acumula. Un niño que se pierde tres partidos seguidos se va apartando del entrenamiento. Un niño que se aparta del entrenamiento se queda más atrás. Un niño que se queda más atrás es convocado aún menos. Al final, esa espiral puede terminar con el niño dejando el deporte.
Los partidos perdidos se acumulan rápido
Supón que tienes 14 jugadores y una convocatoria de 10. En cada partido, 4 jugadores se quedan fuera. Si convocaras al azar, cada jugador se perdería uno de cada tres o cuatro partidos. A lo largo de una temporada de 20 partidos, eso son entre 5 y 7 partidos perdidos por jugador, repartidos por igual.
En la vida real, ningún entrenador convoca al azar. El entrenador que en silencio acaba eligiendo antes a los jugadores que le dan más seguridad, o a los cuyos padres los llevan a todos los entrenamientos, o a los que no se quejan, termina con un reparto en el que algunos niños no se pierden ningún partido y otros se pierden ocho o nueve.
Ocho partidos perdidos en una temporada equivalen a unos 200 minutos de tiempo de desarrollo perdidos, incluso si la rotación es perfecta cuando esos niños sí juegan. Es una diferencia mucho mayor que cualquier cosa que ocurra dentro de un único partido.
Lo que ya pide el fútbol 7
En algunas competiciones de fútbol base hay una pista clara de por dónde van las cosas. El fútbol 7, la modalidad de prebenjamines, benjamines y alevines, se juega a cuatro periodos, y las normas de competición de varias federaciones territoriales protegen la participación desde la propia estructura del partido.
La Federació Catalana de Futbol lo dice así: "cada jugador haurà de jugar com a mínim dos períodes sencers", es decir, cada jugador debe jugar como mínimo dos periodos completos, y durante los tres primeros periodos no se hacen cambios sobre la marcha: solo en los intervalos entre periodo y periodo, salvo lesión. Dicho de otro modo: el reglamento garantiza que cada niño que figura en el acta pisa el campo, y lo hace en periodos completos, no dos minutos al final.
Esa norma resuelve una parte del problema, la de dentro del partido. Pero no toca la otra: quién entra en el acta. Si un niño no es convocado, ningún reparto de periodos lo va a tener en cuenta, porque ni siquiera está en el campo de salida. La garantía de participación que el fútbol 7 ofrece dentro del partido se evapora si, antes, la convocatoria deja siempre fuera a los mismos peques. Por eso conviene mirar la temporada entera, no solo el partido del domingo.
Patrones que conviene vigilar
La mayor parte del sesgo en la convocatoria no es malintencionado. Es un entrenador intentando hacerlo lo mejor posible bajo presión, recurriendo a patrones que dan sensación de seguridad. Los más habituales:
El sesgo del "niño fiable". Eliges a los niños que sabes que van a aparecer, escuchar y jugar. Los niños algo caóticos o socialmente tímidos pasan a un segundo plano. A lo largo de una temporada, el niño caótico juega la mitad de partidos que el fiable.
El sesgo del "partido difícil". Cuando juegas contra un rival fuerte, convocas a tus jugadores más fuertes. Cuando el rival es flojo, convocas de forma más inclusiva. El resultado: los niños que más experiencia de partido necesitan son los que menos la reciben, porque solo juegan los partidos fáciles.
El patrón de las familias más visibles. A veces, sin darte cuenta, es más fácil acordarte de los niños cuyas familias están más presentes, ayudan o hablan más contigo. Los niños cuyos padres dejan y se van, o no están, pueden ir quedando más lejos de la convocatoria.
El sesgo de la "asistencia al entrenamiento". "Si no vienes a entrenar, no juegas los partidos" suena justo, pero suele castigar a los niños cuyas familias tienen menos flexibilidad. Un niño que falta el martes porque su madre o padre trabaja en turno de noche acaba castigado por la agenda de otra persona.
Ninguno de estos patrones te convierte en mal entrenador. Te convierten en un entrenador normal. La solución no es la culpa. Es la visibilidad.
Cómo hacer un seguimiento de las convocatorias
El método más sencillo: una columna en la hoja de cálculo del equipo por cada partido, marcada con S o N según si cada jugador fue convocado. Tras 5 partidos, ordena por número total de S. Los nombres que aparecen al final son los que conviene tener en cuenta antes del próximo partido.
Algo mejor: un porcentaje. Si has jugado 10 partidos y un jugador ha sido convocado en 6, su porcentaje de convocatorias es del 60 por ciento. Si la media del equipo es del 78 por ciento, ese jugador está por debajo de la media. Cuánto, y desde hace cuánto, te dice si conviene actuar.
Mejor aún: una señal visual que no te obligue a buscar números. Verde cuando el jugador está cerca de la media del equipo. Amarillo cuando está algo por debajo. Rojo cuando está claramente por debajo. Los umbrales exactos importan menos que tener la señal ahí en el momento en que decides la próxima convocatoria.
Lo hagas como lo hagas, el principio es el mismo. No puedes corregir un patrón que no puedes ver.
La conversación con el jugador que se queda fuera una y otra vez
Si tus datos muestran que un jugador queda fuera de forma sistemática, habla con él. No delante de los demás. No después de un partido en el que jugó 5 minutos. En privado, con calma y con curiosidad.
"Me he dado cuenta de que últimamente te has quedado fuera de la convocatoria más veces de las que me gustaría. Quiero asegurarme de que tengas más oportunidades de jugar. ¿Hay algo en el entrenamiento que debería saber?"
A veces el jugador te contará algo que lo explique. A veces no. En cualquier caso, la conversación le transmite una cosa que importa más que cualquier minuto que le des: te veo.
Esos mismos datos son los que llevas a la conversación con los padres, con calma y después del partido. Nuestra guía sobre cómo explicar tu plan de cambios a los padres cubre ese guion en detalle.
Lo que cambia cuando miras las dos preguntas
Cuando empiezas a medir las dos preguntas, tu equipo cambia. No porque la rotación mejore, aunque puede mejorar. Sino porque los niños que solían quedarse en los márgenes de la convocatoria empiezan a aparecer. Entrenan más fuerte. Creen que pertenecen. Se convierten en jugadores que necesitaban más tiempo para crecer y encontrar su sitio.
El tiempo de juego justo mantiene a cada niño dentro del partido. Una convocatoria justa ayuda a que cada niño siga sintiéndose parte del equipo.